Una época para revisitar El señor de los anillos
07.04.21

Marzo de 2020, justo cuando el coronavirus empezaba a propagarse de lleno y los distintos países del mundo tomaban diferentes medidas de confinamiento, marcó el comienzo de numerosos esfuerzos por contribuir a que el grueso de la población se resguardara en la seguridad de sus hogares. Tal fue el caso de Qué Película Ver de Cinépolis, donde entre muchas otras acciones, publicamos un artículo sobre los títulos más recomendables para sobrellevar las situaciones de estrés. Aunque se concluyó que no existe una fórmula infalible y que todo depende de las necesidades de cada persona, no vacilamos en recomendarte El señor de los anillos.

Lo cierto es que siempre es un buen momento para disfrutar de esta trilogía. Después de todo, la obra de JRR Tolkien figura entre los principales exponentes de la narrativa fantástica, equiparable incluso con las gestas imperecederas descritas en Beowulf o La epopeya de Gilgamesh. En el caso de su flamante adaptación, su calidad puede palparse en la respuesta del público, la crítica e incluso las grandes premiaciones cinematográficas: $2,981 MDD acumulados a nivel mundial, un promedio de 93% en Rotten Tomatoes y un total de 17 Premios de la Academia que la ubican entre las principales ganadoras en toda la historia de la ceremonia.

Todos estos logros pasan a segundo término ante la mayor proeza de El señor de los anillos: la capacidad de adaptarse a las necesidades específicas de cada contexto. Una cualidad que magnifica su legado en uno de los periodos más turbulentos en toda la historia de la humanidad.

“Desearía que nada de esto hubiera sucedido”, se lamenta Frodo durante su recorrido por Moria. “Así lo hacen todos los que viven para ver esos tiempos”, le consuela el siempre sabio Gandalf. “Pero no les corresponde decidir a ellos. Todo lo que tenemos que decidir es qué hacer con el tiempo que se nos da”.

La conversación entre hobbit y hechicero gira en torno al Anillo Único y el destino de la Tierra Media, lo que no impide identificarse con ella y con todas las sensaciones de desencanto que la rodean, pero también con aquellas plagadas de esperanza.

Esto porque, si bien estamos ante la adaptación de una novela, sus bases realmente se asientan sobre el mito, la épica y el cuento. Narrativas que según Pedro Vallín capturan “un compromiso para hacer mejor la vida propia y la de la comunidad […]. Una promesa en pos de lo justo y de lo bueno”, y con un narrador que funge como “heraldo de un mundo más justo y por tanto siembra en su audiencia la certeza de que posee el legítimo derecho a aspirar a él” y que “quiere salvar el mundo y postula, inasequible al desaliento, que tal salvación es verosímil”. Cualidades que magnifican su capacidad de contextualizarse y como tal, de generar vínculos emocionales profundos con el público a partir de la transmisión de los valores más primarios: bondad, lealtad, heroísmo…

Estas creencias, que parten de lo improbable en La comunidad del anillo que muestran una Tierra Media desunida, un Anillo Único que se alimenta del odio entre los distintos pueblos y un reino del hombre sin un líder real, empiezan a cobrar forma con la heroica defensa del Abismo de Helm vista en Las dos torres, para finalmente alcanzar un punto climático en El retorno del rey que muestra la alianza definitiva en busca del bien común. Una unión que se torna inquebrantable en vísperas de la batalla final ante las puertas negras de Mordor y con el inolvidable discurso del montaraz convertido en rey Aragorn hijo de Arathorn: “puede llegar un día en que el valor de los hombres falle, cuando abandonemos a nuestros amigos y rompamos todos los lazos de comunión, pero no es este día”.

Más peculiar es el caso de Frodo y Sam quienes, motivados por su bondad innata, pero también por las grandes historias, se empeñan en seguir adelante aun cuando saben que sus posibilidades son menos que mínimas. “A veces no querías saber el final”, rememora el noble acompañante del portador. “Porque, ¿cómo podría ser el final feliz? ¿Cómo podía el mundo volver a ser como era cuando habían sucedido tantas cosas malas? Pero al final, es sólo una cosa pasajera, esta sombra. Incluso la oscuridad debe pasar. Un nuevo día vendrá. Y cuando el sol brille, brillará más claro. Esas fueron las historias que se quedaron contigo. Eso significaba algo, incluso si eras demasiado pequeño para entender por qué”.

Esta es también la razón por la que el público, más movido por la esperanza que la lógica, no duda en aceptar que estos héroes improbables carguen con el destino del mundo en sus manos. Después de todo, si dos medianos que nunca han abandonado las comodidades de su Comarca son capaces de erradicar la tiranía que se cierne sobre la Tierra Media, es válido soñar que sin importar el mal que nos aqueje, también hay posibilidad de salvación para nosotros.

“La gente de esas historias tenía muchas posibilidades de volver atrás, pero no fue así. Siguieron adelante. Porque se aferraban a algo”, explica Sam. Pero, “¿a qué nos aferramos nosotros?”, le cuestiona Frodo, en una pregunta que traslada las fronteras de la ficción para trasladarse a la realidad contemporánea y con ello a los tiempos oscuros que corren. “Que hay algo bueno en este mundo… y vale la pena luchar por ello”.

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