Directores que mejor han comprendido y abordado el cine de superhéroes
27.03.21

Es común escuchar que las películas de superhéroes no son más que una forma de entretenimiento masivo y banal. Nadie duda de su popularidad, pero tacharlas de superficiales es una aseveración arriesgada si consideramos las contrapartes impresas de estos personajes han transmitido incontables valores y mensajes sociopolíticos por cerca de un siglo.

Esto último ha provocado que su traslación cinematográfica sea una labor más desafiante de lo que podría parecer a primera instancia y que ha requerido de algunos de los mejores cineastas de su tiempo. Algunos han fallado abruptamente en sus esfuerzos, pero otros han demostrado una perfecta comprensión de estos seres fantásticos que deambulan entre lo real y lo divino, y que son vistos como una forma de mitología contemporánea.

A continuación un recuento de aquellos directores y directoras que mejor han comprendido y abordado el cine de superhéroes.

 

Matthew Vaughn

La comprensión del superhéroe no se limita a la propia grandeza de estos personajes, sino que se extiende a los aficionados que los han ascendido como auténticos semidioses y ejemplos de valores en un mundo decadente. Tal fue el caso de Matthew Vaughn, cuyo Kick-Ass introdujo una sociedad retorcida en el que un joven amante del comic idea una identidad secreta para convertirse en un agente del cambio con toda clase de buenas acciones. Al menos hasta que las cosas salen de control y termina inmiscuido en un violento conflicto que está más allá de sus capacidades, lo que no le impide seguir luchando. La pasión del director por estos personajes también contribuyó a renovar las bases del universo X sin Wolverine como piedra angular en X-Men: Primera generación y a la concepción de toda una franquicia sustentada en el arquetipo británico con Kingsman: El servicio secreto que sigue expandiéndose hasta nuestros días. En otras palabras, una carrera sumamente polifacética pero apoyada siempre en los guerreros del cómic.

 

Christopher Nolan

La trilogía gótica de Christopher Nolan trascendió por muchos aspectos, siendo su tinte realista uno de los más recordados y valorados. Una decisión sumamente arriesgada que sólo fue posible gracias a la comprensión mostrada por el cineasta en torno al Caballero de la Noche. Esto dio lógica al manto del encapotado, con Alfred preguntando: “¿Por qué murciélagos?” y Bruce Wayne explicando que “Los murciélagos me asustan. Es momento de que mis enemigos compartan mi miedo”. Abordó su vulnerabilidad a partir de lesiones físicas y emocionales, y el sueño de encontrar un sucesor en el campo de batalla, pero sin descartar la legalidad. Lo enfrentó con adversarios cuya amenaza radica en su reflejo simbólico de algunas de las mayores preocupaciones de su tiempo como son la corrupción, el terrorismo y la anarquía, lo que resultó en algunos de los mejores villanos en la historia del subgénero. La labor del director fue tal que pasó de un Gordon que ironiza sobre el hecho de que el vigilante esté “portando una máscara, saltando por los techos” a una sociedad que intentó imitar su heroísmo con equipo de hockey como protección. Si no ocupa un lugar más alto fue porque la ambigüedad política exhibida a lo largo de la historia desembocó en una serie de confusiones que alcanzaron su punto más alto con El Caballero de la Noche asciende, con el héroe enfrentándose a un movimiento comandado por Bane y que fue equiparado con Occupy Wall Street. La producción lo desmintió hasta el cansancio y lo atribuyó a la casualidad, pero el error estaba hecho. Esto no evita que la trilogía se mantenga firme entre las mejores franquicias del cine de superhéroes de toda la historia.

 

Guillermo del Toro

“Creo que los monstruos son el santo patrono de nuestra bendita imperfección”, aseguró Guillermo del Toro durante su discurso de aceptación de los Globos de Oro. “Ellos permiten y encarnan la posibilidad de fallar y vivir”. Esta visión y profundización ha sido determinante para que el tapatío sea considerado uno de los mayores conocedores de estos seres. No sólo de su lado más oscuro, sino también del más noble, lo que ha sido determinante para plasmar los dilemas de aquéllos que dedican su vida a la protección de una humanidad que les teme. Su primera incursión en el subgénero fue con Blade II que mostró al híbrido como el único enlace entre una alianza humana y vampírica contra un adversario común. Más memorable fue su labor en Hellboy, con un heroico demonio que debe definirse entre el secretismo o el rechazo, el deberse a la humanidad o al reino fantástico del que emergió, así como el morir libre de culpas o el vivir con la carga de las profecías que lo señalan como un agente del caos. Una existencia dura que no le impide soñar con una vida normal que nunca se concretó ante la abrupta e inmerecida cancelación de la trilogía. No es casualidad que el público siga exigiendo una conclusión a más de diez años de distancia.

 

Patty Jenkins

El cine y la televisión nos han dado muchas superheroínas, aunque no todas extraídas de los comics. Por eso sobresale que Patty Jenkins fuera la primera cineasta interesada en cambiar los conceptos preconcebidos en torno a estas mujeres con un personaje cuyas bases lucían imposibles para el imaginario construido por generaciones. Esto convencida de que “si las mujeres siempre deben ser duras, rudas y conflictivas para ser fuertes y no somos libres de ser multidimensionales o celebrar un ícono de las mujeres en todos lados sólo porque es atractiva y afectuosa, entonces no hemos llegado muy lejos. Creo que las mujeres pueden y deben ser todo tal y como deben ser los protagonistas masculinos. No existe una buena o mala versión de mujer poderosa” [vía].

El resultado fue una Mujer Maravilla que al igual que el grueso de los superhéroes lucha por la paz, el bien y la justicia, pero con la enorme diferenciación de que su inspiración proviene del amor, convencida de que “he visto las cosas terribles que los hombres se hacen unos a otros en nombre del odio y los extremos a los que llegarán por amor. Ahora lo sé. Sólo el amor puede salvar este mundo”. Un cambio revolucionario en el desarrollo de estos personajes y que convirtió a la amazona en piedra angular del DCEU, en referente del subgénero y en firme aspirante al codiciado panteón de estas adaptaciones integrado por leyendas como el Superman de Christopher Reeve, el Wolverine de Hugh Jackman y el Iron Man de Robert Downey Jr.

 

Tim Burton

Muchas veces se ha hablado sobre cómo un actor o actriz nació para encarnar algún superhéroe en particular, pero son pocas las veces en que estos elogios son trasladados a un director. Tal fue el caso de Tim Burton con Batman, cuya peculiar visión fue determinante para la concepción de una Gótica oscura y con un diseño cuya mezcla de art decó y expresionismo resultó en una fusión de realidad y fantasía que deambula entre Nueva York y la Metrópolis de Fritz Lang. Una estrategia clave para la construcción de una galería de personajes que deambulan entre lo mundano y lo imaginario, con hombres y mujeres cuya corrupción social los motiva a vestir con exóticos atuendos para iniciar auténticas cruzadas por el bien o el mal. Tal es el caso del propio murciélago que, encarnado por un brillante Michael Keaton, fue el reflejo perfecto de un hombre común obsesionado con marcar una diferencia. Todo esto para enfatizar que la perversidad no es una propiedad innata, sino que son las instituciones y sus intereses los que la provocan. Es así como Burton concibió dos clásicos del subgénero cuya trama quedó inconclusa ante la incomprensión de su mensaje en un mundo que se empeñaba en relacionar al cómic con una forma de entretenimiento netamente infantil.

 

Sam Raimi

Buena parte de la popularidad de Spider-Man radica en la identificación que genera en las audiencias, lo que para nada significa que se trata de un personaje sencillo. Prueba de ello son los numerosos esfuerzos fallidos por trasladarlo a la pantalla grande, al menos hasta que Sam Raimi descifró la clave para lograrlo con su trilogía arácnida: abordar las heroicas acciones del enmascarado, pero sin descuidar las incontables preocupaciones que afectan a su identidad secreta. Una larga lista de pendientes que incluyen preocupaciones académicas, profesionales, familiares y sentimentales, y que son claves para entender que un gran poder implica una gran responsabilidad. La comodidad de Raimi fue tal que incluso se dio el lujo de incluir elementos del terror para la construcción de sus villanos, siendo la conversión de Octopus en el hospital el mejor ejemplo de ello. No menos trascendente fue que, en una época en que las adaptaciones vacilaban en saltar de lleno al fantástico, Raimi dio el salto (arácnido) de fe con la mítica secuencia del tren. Fue criticada e incomprendida en su momento al ser señalada por su inverosimilitud, pero hoy día es icónica y clave para entender la cercanía de cada vez más proyectos con sus respectivas contrapartes impresas.

 

Bryan Singer

Si X-Men figura entre los títulos más populares de Marvel no es sólo por su flamante galería de héroes y villanos, sino por la manera en que estos capturan la intolerancia del ser humano. El mutante es un superhombre por nacimiento mas no por elección y por ende no tiene posibilidad de cambiar, lo que les ha convertido en un símbolo para todos aquellos que se consideran distintos al grueso de la sociedad. Bryan Singer aprovechó cada oportunidad en la franquicia X para recalcar este mensaje, lo que incluyó referencias al Holocausto y Vietnam, la homosexualidad y el miedo a la extinción; villanos extraídos de la política, la milicia y la tecnología centinela; así como una serie de frases icónicas entre las que destacan la discusión entre el senador Kelly y Jean Grey –“expedimos licencias para conducir”, “pero no para vivir”– y el “has tratado… no ser un mutante” con el que la Sra. Drake recibe el secreto de su hijo Bobby/Iceman. Esta sapiencia hizo que el cineasta saltara a DC con Superman regresa, incomprendido por sus altos niveles de nostalgia, aun cuando capturó a la perfección la esencia del kryptoniano de Donner. La tibia respuesta del público no debe atribuirse a una falta de calidad, sino a que su personaje titular es tan perfecto que parece no tener cabida en un mundo real cada vez más imperfecto. Una situación que, hay que decirlo, también se ha visto reflejada en una serie de altibajos en ventas padecidos por el impreso y que incluso condujeron a la muerte del guerrero en 1992.

 

Joe & Anthony Russo

Podría pensarse que la incorporación de los Russo al Marvel Cinematic Universe fue sencilla: una franquicia bien ensamblada y con las altas esferas del estudio jugando un rol determinante en las bases de cada nueva entrega. Sin embargo, la labor de la dupla fue tan desafiante como decisiva, lo que puede apreciarse en una serie de proyectos que deambularon por géneros tan diversos con el thriller visto en Capitán América y el Soldado del Invierno o el heist de Avengers: Infinity War. A esto se suma la concepción de tramas cada vez más complejas, siendo Avengers: Endgame el mejor ejemplo con un atraco temporal que rindió homenaje a la saga sin descuidar el futuro de la misma, abriendo todo tipo de puertas en esta y otras temporalidades ante el escape del Loki 2012 o la muerte del Thanos 2014. Finalmente, la comprensión de los personajes con los que el llamado A6 capturó las distintas caras del duelo ante la derrota que marcó la desaparición de medio universo. Además de que viejos conocidos como Steve Rogers o Tony Stark evolucionaran de un modo orgánico rumbo al cierre de sus respectivos arcos en un inverso simbólico que llevó al hombre de hierro al sacrificio individual y al héroe de las barras y las estrellas a un merecido retiro en busca del bienestar propio. Esto, aunado a la espectacularidad visual de sus respectivos proyectos ha convertido a los Russo en una pieza clave del MCU y en una parte fundamental para la historia del cine de superhéroes.

 

Zack Snyder

Una de las mayores adversidades del cine de superhéroes ha sido descifrar el sitio que ocuparían estos personajes en el mundo real: ¿hombres ascendidos a una posición divina o dioses ansiosos por ocupar un sitio entre los mortales? Pocos han abordado estos dilemas con la destreza de Zack Snyder, al punto que lo ha convertido en un elemento clave dentro de sus adaptaciones. Sucedió con 300 que, inspirada en la obra de Frank Miller, convirtió la batalla de las Termópilas en el escenario ideal para alcanzar la inmortalidad espartana. Repitió la fórmula con Watchmen, obra cumbre y presuntamente inadaptable de Frank Moore, que equipara directamente a Dios y al superhombre argumentando además que “si comienza a sentir un sentimiento intenso y aplastante de terror religioso ante el concepto, no se alarme. Eso sólo indica que todavía estás cuerdo”. Este recorrido le puso al frente del DC Extended Universe cuyas bases se cimentaron sobre un todopoderoso Superman ansioso por pertenecer, pero incapaz de lograrlo por el miedo que sus cualidades inspiran en algunos. Un concepto enaltecido por imágenes icónicas que plasmaban un auténtico fervor religioso y que colocaban al kryptoniano como el mayor referente del heroico panteón del cómic norteamericano. Más trascendente aún fue entender que la verdadera grandeza de estos personajes no radica en su poderío, sino en que representan lo mejor de la humanidad a la que resguardan. Como prueba basta un emblema: para lo que nosotros es una simple ‘S’, para el guerrero es un símbolo inconfundible de esperanza.

 

Richard Donner

No es casualidad que Richard Donner sea considerado pionero y referente en la adaptación moderna de superhéroes, ya que su Superman fue el primer proyecto interesado por deconstruir el rol del superhombre en el mundo moderno. La tarea requirió plasmar los poderes del personaje que tantas veces han sido mostrados por los comics: un ser omnipresente gracias a una serie de habilidades que le permiten estar en un lugar en cuestión de segundos; tan poderoso que es capaz de revertir el paso del tiempo; idolatrado, respetado e incluso temido entre la sociedad; un símbolo de esperanza para la búsqueda de un futuro mejor. Más importante aún, implicó reconstruir la poco expresiva identidad secreta del impreso, basándose directamente en un referente de la screwball comedy como es Cary Grant en La adorable revoltosa (Hawks, 1938). Esto resulta en un dios que resguarda sus secretos tras una actitud atolondrada, consciente de que nunca pertenecerá del todo al sitio que juró proteger. Una decisión con la que se enfatiza que Clark Kent no es quien se oculta tras el manto de Superman, sino que es Superman el que se esconde tras las gafas de Kent, lo que puede apreciarse en una de las escenas más icónicas del subgénero: cuando instantes después de la entrevista con el héroe, una impactada Lois deja solo a su compañero de trabajo, quien por un brevísimo instante se retira los lentes y adquiere una posición erguida para mostrar su verdadera cara al público, mas no a la mujer que ama.

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